Señor y Rey por Antomasia
El león, en sí mismo, como animal y como símbolo esotérico es muy importante, muy interesante… Por su belleza, por su fuerza, por su presencia, por su fiereza, le reconocemos como el “Rey de la
selva”. Pero hay otras razones por las que el león resulta majestuoso: El león, asociado al elemento fuego, se asocia también al Evangelio de San Marcos
En algunas de sus obras, el V.M. Samael se refiere a este imponente animal: En la Atlántida sirvieron como animales de tiro: arrastraban carruajes, eran mansos. Después de la sumersión de la Atlántida, se volvieron furiosos.
El carro, arrastrado por leones, es una alegoría muy esotérica que viene de tiempos arcaicos. EL carro representa al ser humano y el león (el fuego) no es más que un símbolo vivo del hombre solar. Cuando se habla del «Carro» se alude a los «Cuerpos Existenciales Superiores del Ser»: Físico, Astral, Mental y Causal. En ese “Carro» se debe montar el Real Ser.
El «Zoar» nos pinta al «Anciano de los Días» viajando en un carro a través del infinito. No
hay duda que el Real Ser tiene siempre que viajar en su «Carro», para trabajar en los mundos.
En muchos cuentos infantiles, es el majestuoso león el que imparte justicia y al que acuden los
animales de la espesura para dirimir sus diferencias. Además, es el que establece en ese mismo lugar las reglas del juego. Y curiosamente, en esoterismo suele también relacionársele con la Justicia Objetiva del Omnimiseriscordioso, la Ley Divina; por eso se dice: “Al León de la Ley se le combate con la Balanza”.
En los doce Signos del Zodiaco, Leo (el león), es el quinto signo, número que igualmente se relaciona
con la Ley y con la Carta 5 del Tarot egipcio que es el “Jerarca de la Ley”. En este signo se relaciona con el Sol, con el fuego, con el oro y con el color amarillo.
A este respecto recogemos del V.M. Samael lo siguiente: “Leo es el fuego; el fuego latente es
una maravilla. Allí encontramos los «soplos igneos» de la constelación de Leo, que son seres vivientes (imposibles de describir con palabras), vivas representaciones, cada uno de ellos, de la «Corona Sephirótica» de la Kábala Hebraica: KETHER, CHOKMAH Y BINAH”.
“Hay doce órdenes de adeptos en ese Cosmos, relacionadas con los doce signos zodiacales: No cabe duda que aquella «orden de los leones de fuego, o LEONES DE LA VIDA» (de la constelación de Leo), es la más exaltada. ¡Así está escrito y así es!”…
En los “doce trabajos de Hércules” aparece el León visto desde otro ángulo, desde otro punto
de vista, es decir, en su aspecto negativo. Por eso el primero, entre todos, es la captura y muerte del “león de Nemea”, que representa la fuerza de los instintos y pasiones incontroladas que todo lo devasta y lo devora.
En ocasiones aparecen leones bicéfalos que nos vienen a representar las dos tierras: La visible
y la invisible. Por último, tenemos en la Alquimia el león rojo y el león verde, símbolos del fuego y el Intimo, respectivamente. Además de su imponencia, belleza y majestad, no podemos olvidar la nobleza del león, tal y como nos narra la historia de «Andrócles y León», en la que se describe a un joven cristiano que ha sido arrojado a los leones en la arena del Circo romano, y cuando está a punto de ser atacado por un león, para asombro del público y del emperador, el león se acerca mansamente a lamer la mano del joven, debido a que reconoce en él al mismo que un día en el bosque le sacó una espina de la pata y le curó, aliviándole de su intenso dolor y malestar.
Por: César Owen/España
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