La cabra montés

El fuego sexual y la fertilidad

Capricornio
Capricornio

La cabra, como animal simbólico, encarna el fuego sexual. Vale decir: el azufre de los alquimistas. Por esta razón es un animal al que también se le vincula con los principios vitales y la fertilidad.

El hábitat en que se desenvuelve este animal, suele ser escarpado, montañoso… La montaña es siempre el lugar de contacto con lo divinal y representa también el mundo astral.

La cabra salta de roca en roca… El camino que conduce hacia lo alto, es escarpado, pedregoso,

El carro de Thor, halado por cabras
El carro de Thor, halado por cabras
difícil. Así es la rocallosa senda que lleva a la liberación final: Llena de peligros por todos lados. El fuego sexual, en todo lo creado, es el agente ígneo que fecunda la materia caótica, por eso en las culturas donde se ha utilizado a la cabra como representación de ese foahat, también se le asocia a la sexualidad, la fertilidad, la agricultura y la abundancia.

Entre los escandinavos se le imagina tirando del carro de Thor, dios del trueno, del fuego y la fertilidad. Los greco-romanos la asociaron a los atributos sexuales de Dionisios y Afrodita, incluso su cuerno fue relacionado con la abundancia. Recordemos el cuerno de Amaltea. En el Tíbet la relacionan con la voluntad divina y la protección a la ganadería y agricultura; Los hindúes hicieron de la cabra un atributo de Agni, dios del fuego creador.

Es un animal muy prolífico, por lo que al macho

Amaltea de Pierre Julien
Amaltea de Pierre Julien
se le relaciona con la lascivia y la lujuria. La cabra, ya está dicho: en su aspecto superior simboliza el azufre o fuego de los sabios alquimistas, el elemento fijo, sin el cual no es posible eliminar al ego, los agregados psíquicos o yoes. En su aspecto inferior, alegoriza a los cabritos y cabritas que pueblan la faz de la Tierra, a las multitudes humanoides, hijos de la lujuria, o lo que es igual: «hijos del Diablo», del fuego luciférico desviado, raíz misma del “pecado original” y de la subsiguiente aparición de los demás elementos inhumanos.

Por: César Owen / España

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