La Esencia maravillosa

En los estudios gnósticos, el estudiante aprende que la mayoría de seres humanos que poblamos el planeta Tierra, somos seres incompletos, no somos seres humanos auténticos. Somos animales pensantes o animales intelectuales. Nadie puede negar que en la clasificación taxonómica de seres vivos, hombres y mujeres pertenecemos a la clase de los mamíferos.

Cualquier persona, al estudiarse a sí misma y con la conciencia despierta, podrá observar que lo único que diferencia a la humanidad, del resto de mamíferos es el intelecto. A muchas personas, si se les quitara lo poco que tienen de intelecto, se comportarían peor que los animales.

Somos seres incompletos, es decir, no estamos plenamente realizados, porque no poseemos Alma, somos desalmados. Afortunadamente poseemos algo valioso y digno en nuestro interior: la Esencia maravillosa, también conocida como chispa divina, Budhata, o fracción de alma.

En la Esencia se encuentran los valores, las virtudes, las cualidades más sublimes y mejor cimentadas en cada quien. La Esencia es el germen, la semilla, la materia prima, el material psíquico primordial para fabricar eso que se llama: Alma. En la Esencia, se encuentra lo mejor de nosotros mismos. La Esencia se define en Psicología Gnóstica, como el conjunto de valores positivos que se poseen en forma innata.

El Alma auténtica debe ser formada por quien busca una transformación psicológica radical. Solo la poseen los seres humanos auténticos, los verdaderos santos, los grandes iniciados de la Logia Blanca, los grandes guías espirituales de todas las religiones. Ejemplo de mujeres y hombres auténticos: Jesús de Nazaret, María Magdalena los primeros apóstoles, Francisco de Asís, Elena Petronila Blavatsky (HPB), Budha, Krishna, Mahoma, Quetzalcoatl, Gucumatz.

El Alma se forma gradualmente a base de enormes esfuerzos conscientes y padecimientos intencionales. El proceso para el nacimiento del alma puede compararse al del nacimiento de un bebé a partir de la concepción. Constituye parte fundamental del trabajo esotérico gnóstico. El trabajo para desarrollar la Esencia hasta convertirla en Alma es de tipo psicológico y alquimista.

Así, la Esencia se convierte en Perla seminal, más tarde deviene el Embrión áureo y finalmente con la formación del Alma viene el verdadero nacimiento segundo del que se habla en el capítulo 3 del Evangelio de Juan y entonces, el iniciado se convierte en auténtico hijo de Dios “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios” (1 Jn 3:9). “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca”. (1 Jn 5:18).

En el capítulo titulado precisamente: La Esencia de la obra Psicología del Despertar, José Jesús Leal explica que: “en la Esencia tenemos los elementos conscientivos necesarios para nuestra propia auto realización íntima. En la Esencia están la sabiduría, el amor y el poder”.

De acuerdo con la Gnosis, las razones de que la humanidad en general, solo tiene Esencia y no una legítima Alma son muchas. Basta observar los actos humanos, las guerras, la pobreza, la violencia, los crímenes, las traiciones y muchas conductas indeseables por todas partes del mundo.

Esos elementos indeseables de conductas se originan en los defectos de carácter, personificados en el mi mismo, en el sí mismo, en el Ego o yo psicológico. El yo de la Psicología Gnóstica tiene encarcelada, atrapada, embotellada a la Esencia o chispa divina e impide su expresión y desarrollo. Quien quiera alcanzar la divinidad, la santidad, convertirse en auténtico hijo de Dios y alcanzar la salvación debe trabajar sobre sí mismo liberando a la Esencia de la prisión en la que el Ego la tiene esclavizada y fragmentada.

En este sentido, resulta oportuno transcribir lo que anota Henri Charles Puech, en el Prefacio (página 18) de su obra: En torno a la Gnosis: la gnosis no hace sino incitarle ante todo a liberarse de él, sino reforzar y justificar su anhelo de liberación, impulsándole a “apresurarse” a su abandono, a dejarlo atrás para ir más allá…

Más adelante en la página citada de la obra de Pueck, se lee: salvarse, es en efecto, ante todo huir, fugarse, evadirse, “salir del mundo” o, si se utiliza una expresión igualmente técnica, “renunciar a él”, emprender una travesía, efectuar un “éxodo” que conducirá fuera de él. Pero, mientras tanto, el gnóstico habrá de concentrar en sí mismo todas sus fuerzas, tendrá que “reunir sus miembros”, todas las “parcelas” de su alma disipadas, ahogadas en la masa confusa del cuerpo que le oprime, tendrá que desembarazarlas del estado de dispersión, de torpor, de olvido, de inconsciencia, en que se hallaban sumidas, a fin de devolverles su vigor y conducirlas a la unidad de una conciencia plenamente lúcida y afirmada en sí misma.

Al estudiar la Esencia, desde el punto de vista de la Gnosis, resulta indispensable diferenciarla también de la personalidad. La Esencia es lo natural, lo auténtico, mientras que la personalidad es lo adquirido. A este respecto, J Vaysse, en el capítulo titulado: Esencia y Personalidad de su obra: “Hacia el despertar a sí mismo” , publicado por Ganesha, explica: Desde este punto de vista, estamos divididos en dos partes: Una es aquella con lo que hemos nacido, contiene el germen de nuestras cualidades propias, nuestras capacidades, nuestras incapacidades, y, más generalmente, todo lo que nos ha sido dado como propio. La llamaremos nuestra “esencia”, término que no puede dejar de ser discutido en las circunstancias actuales, pero que reencuentra aquí su primer sentido.

Más adelante explica el autor que: la otra parte es lo que hemos adquirido: todo nuestro saber y la mayor parte de nuestras inclinaciones y comportamientos. Estos son inexistentes en el momento de nuestro nacimiento y se instalan poco a poco debido a todo lo que el medio ambiente nos añade.

En la página 219 de su obra: Fragmentos de una enseñanza desconocida”, obra publicada en español por Hachette de Argentina, Pedro Ouspensky explica: “La esencia en el hombre es lo que le pertenece. La personalidad en el hombre es lo que no le pertenece. Lo que no le pertenece significa: lo que le ha venido de afuera, lo que él ha aprendido, o lo que él refleja; todas las huellas de impresiones exteriores grabadas en la memoria y en las sensaciones, todas las palabras y todos los movimientos que le han sido enseñados, todos los sentimientos creados por imitación, todo esto es “lo que no le pertenece”, todo esto es la personalidad”.

Finalmente, en el capítulo titulado: La Esencia de la obra: Psicología Revolucionaria de Samael Aun Weor, leemos lo siguiente: “lo que hace bello y adorable a todo niño recién nacido es su esencia, esta constituye en sí misma su verdadera realidad. El normal crecimiento de la esencia en toda criatura, ciertamente es muy residual, incipiente. El cuerpo humano crece y se desarrolla de acuerdo con las leyes biológicas de la especie, sin embargo tales posibilidades resultan por sí mismas muy limitadas para la esencia.
Incuestionablemente la esencia solo puede crecer por sí misma sin ayuda en pequeñísimo grado. Hablando francamente y sin ambages, diremos que el crecimiento espontáneo y natural de la esencia sólo es posible durante los primeros tres, cuatro o cinco años de edad, es decir, en la primera etapa de la vida.

La gente piensa que el crecimiento y desarrollo de la esencia se realiza siempre en forma continua, de acuerdo con la mecánica de la evolución, mas, el Gnosticismo Universal enseña claramente que esto no ocurre así. Con el fin de que la esencia crezca más, algo muy especial debe suceder, algo nuevo hay que realizar. Quiero referirme en forma enfática al trabajo sobre sí mismo. El desarrollo de la esencia únicamente es posible a base de trabajos conscientes y padecimientos voluntarios. Explica además el Venerable Maestro que nunca podríamos liberar a la esencia sin desintegrar previamente al Ego o yo psicológico.

El cuervo de los alquimistas

Para algunos, esta criatura de la Naturaleza está asociada a la oscuridad, la mala magia, la podredumbre y la traición. Recordemos, por ejemplo, el dicho popular: «cría cuervos y te sacarán los ojos». O en todo caso, podemos recordar también como se le asocia siempre, por parte de dibujantes y guionistas, con la brujería, quienes lo presentan o dibujan, conjuntamente, como parlantes e inseparables amigos de los que se dedican a las malas artes.

Lo cierto es que nada en la Naturaleza es bueno ni malo; todo depende del uso que hagamos de las cosas: un cuchillo (que no es ni bueno ni malo) puede servimos para cortar la carne y los alimentos o de arma para herir o matar a alguien. De igual modo el cuervo, como elemental de la Naturaleza, no es ni bueno ni malo y si algunos lo han utilizado para el mal, hay otros que lo han utilizado para el bien. Como prueba de ello, está el simbolismo alquimista, que lo utiliza para representar la primera fase de la Gran Obra: La Putrefacción. Esto se debe a que el cuervo es el símbolo de la corrupción y la muerte de los
«elementos inhumanos» que llevamos dentro.

Para realizar la Gran Obra alquimista, en principio, se necesita preparar el mercurio o arché, porque sin esta materia prima no se podría realizar este Magnus Opus.¿Y cómo se prepara el mercurio de los sabios? Pues, mediante el secreto secretorum de la Alquimia. Se trata de un sencillo artificio: conexión del lingam-yoni, sin la pérdida del ens-seminis, porque dentro del ens-seminis está el ens-virtitus del fuego.

Inicialmente, cuando la pareja alquimista comienza a trabajar con el A.Z.F., las
aguas mercuriales son negras y se les representa con el cuervo. Y dicen los alquimistas en forma simpática y alegórica que «de entre esas aguas negras hay que sacar la gelatina blanca, es decir, refinar estas aguas para convertirlas en blancas y puras; convertir al cuervo negro en paloma blanca».

Por otro lado veamos lo que nos dice el V M. Samael sobre esta enigmática criatura: «Fuera de toda duda, hay criaturas repugnantes en la Naturaleza que acusan marcada involución. Los antiguos egipcios, por ejemplo, aborrecían las ratas. Es obvio que estas se encuentran en estado de franca involución. Otro es el estado de los cuervos. Estos, aunque se alimentan de la muerte, por el hecho de desenvolverse en el Rayo de Saturno, poseen ciertos poderes maravillosos
que indican evolución. Yo he podido evidenciar lo que son las facultades del cuervo… En cierta ocasión, hallándome en un pequeño poblado de Venezuela, en cierta casa donde un pequeño niño se encontraba gravemente enfermo, vi con asombro un grupo de cuervos que muy tranquilos se habían posado sobre el techo de aquella casa. Aquellas gentes sencillas, me declararon lo siguiente: Este niño morirá… Cuando pregunté el motivo de tal sentencia, ellos (por toda respuesta) me señalaron aquellas aves negras. Entonces comprendí… El caso no tuvo remedio, y
realmente la criatura murió. Lo que más me asombró fueron las facultades de aquellos elementales, que sabían que la criatura iba a morir y posados sobre el tejado de aquella mansión aguardaban el supremo momento para el festín. Indubitablemente, la cena macabra nunca pudo llegar, porque a la criatura se le
dio cristiana sepultura; sin embargo, las aves llegaron y la Ley se cumplió…”

Así las cosas, el cuervo se nos presenta bajo un aspecto diferente y con sus maravillosos poderes; se hace partícipe de la alta magia y es un gran símbolo alquimista del Rayo de Saturno y aunque algunos tenebrosos lo hayan utilizado para el mal, lo verdad es que es una criatura inocente y bella de la Madre Naturaleza.

Por: César Owen / España

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Próxima clausura de Primer Curso Gnóstico en Avallon

La Organización del Primer Curso Gnóstico en el Monasterio Avallon nos ha informado que el curso que inició el pasado 4 de octubre de 2009 está por terminar.

El Monasterio Avallon
El Monasterio Avallon

Avallon o Avalon, la legendaria isla de la mitología celta, corresponde también a la lejana Thule escandinava, el Aztlán azteca y la mítica ciudadela quiché: Tulán Suywa (las siete cuevas, los siete barrancos celestes) del Popol Wuj,
Avallon o Avalon, Thule, Aztlán y Tulán Suywa, son los paraísos elementales de la cuarta dimensión, tierras míticas de prodigios, héroes, dioses y semidioses. Da su nombre al Monasterio Gnóstico Avallon ubicado en el municipio de Taxisco, Santa Rosa en Guatemala.
El Monasterio Avallon entre el bosque
El Monasterio Avallon entre el bosque

El Monasterio Gnóstico Avallón de Guatemala, graduará la primera promoción de estudiantes gnósticos asistentes al curso de estudio y práctica de la Gnosis. Las actividades de clausura iniciarán en una de las más activas escuelas gnósticas en Guatemala, En La sede central de los Grupos Gnósticos Los Samaelianos, ubicada en la colonia Guajitos, de la zona 21, de la ciudad capital, se realizará una ceremonia interna con miembros y estudiantes del curso.
Esta ceremonia se efectuará el próximo sábado 26 en horas de la noche y en la misma, los estudiantes pasarán a un siguiente grado académico en los estudios gnósticos: La mayoría de alumnos del Curso, iniciaron, como estudiantes de Primera Cámara, grado inmediato siguiente a la etapa de cursos o conferencias públicas. Después del trabajo intenso en este curso, los asistentes al mismo se han ganado el derecho a consagrarse como estudiantes gnósticos y pasar a Segunda Cámara.
El Acto de Clausura, está programado para realizarse en la sede del Monasterio, el día sábado 2 de enero de 2010 a partir de las 10:00 de la mañana. Por tal motivo, el Monasterio Gnóstico Avallon abre sus puertas a estudiantes de la Gnosis en Guatemala, Centroamérica y el resto del mundo, así como familiares y estudiantes del Primer Curso Gnóstico para que asistan al acto de clausura del curso.
Felicitaciones a estudiantes, organizadores al abad del Monasterio, el Misionero Gnóstico Internacional Guillermo León Quintero por la extraordinaria labor realizada. Mayor información con Víctor Manuel Godínez al teléfono (502) 5522 2322.

El Mito Solar

Los mitos, son narraciones alegóricas tradicionales y maravillosas ubicadas en tiempos remotos. Son protagonizados por fuerzas sobrenaturales o seres divinos. Por su medio se explican fenómenos o acontecimientos extraordinarios, como el origen del cosmos y grandes acontecimientos de la humanidad. Uno de los mitos más universales y profundos es el que se relaciona con el Sol y el nacimiento de Cristo: el Mito Solar.

La adoración de los magos Leonardo
La adoración de los magos Leonardo

Nadie sabe con exactitud la fecha del nacimiento de Jesús de Nazaret. Se han propuesto muchas fechas para su nacimiento, pero en los primeros siglos del cristianismo, los gnósticos iniciados propusieron que su nacimiento se celebrara entre la noche del 24 y el amanecer del 25 de diciembre. La razón por la que se adoptó esta fecha para celebrar el nacimiento del niño Dios de Belén tiene un profundo significado esotérico que es conveniente explicar adecuadamente.

Es indiscutible que la Navidad es un acontecimiento cósmico que se relaciona con una de las posiciones principales del Sol en su movimiento aparente en relación con el planeta Tierra: el Solsticio de Invierno.

La Venus de Milo
La Venus de Milo

Muchos sabios han afirmado que la explicación a los mitos de las antiguas religiones, puede encontrarse en la Astronomía. Parte importante del fundamento de muchas religiones, tiene un profundo contenido astronómico. En todas las religiones se busca a Dios o a los dioses en el cielo. Así, por ejemplo, los antiguos griegos y romanos, encontraban a Júpiter, Venus, Marte, entre otros de sus dioses, en el cielo estrellado.

En forma similar, lo hicieron los diferentes pueblos del mundo. Mesoamérica, no fue la excepción. Así, los mayas asociaban a Vucub Kakix o 7 Guacamayo del Popol Vuh, con la Osa Mayor y a la pareja creadora: Ixpiyacoc y Ixmucané, con nuestra constelación de Géminis. (El Cosmos Maya de David Freidel, Linda schele y Joy Parker, páginas 76 y 78 Fondo de Cultura Económica).

En la obra citada (página 72 y 73), Linda Schele, cita a Johannes Wilbert quien le recomendó: “acudiera siempre a la naturaleza en busca de la fuente del simbolismo mitológico”.

Sosticio de diciembre en ambos hemisferios
Sosticio de diciembre en ambos hemisferios

En el Hemisferio Norte, el Solsticio de Invierno, es el fenómeno solar que ocurre anualmente, el 21 de diciembre. Corresponde a la noche más larga y al inicio del Invierno en los países ubicados en este hemisferio. En los países del Hemisferio Sur, esta fecha se corresponde con el Solsticio de Verano.

En el Hemisferio Norte, anualmente, desde finales de septiembre, las noches son cada vez más largas a medida que se acerca el 21 de diciembre. En países de latitudes bajas, como Guatemala, apenas se percibe este fenómeno, pero en lugares ubicados en latitudes altas, esta diferencia de horas de luz y de noche, es significativa. Más al norte, la oscuridad es casi total durante las 24 horas del día y en el Polo Norte, es de noche completamente.

Equinoccios y solsticios
Equinoccios y solsticios

Es claro, que la noche siguiente, la noche del 22 de diciembre, ya no será la más corta. Sin embargo, la percepción instintiva de las personas, no está preparada aún para que se perciba que pasó ya la noche más larga. Esto ocurrirá como mínimo tres días después. Es por ello que en los antiguos pueblos del Hemisferio Norte, se celebrara el Nacimiento del Sol, tres días después del Solsticio de Invierno.

Otro fenómeno interesante relacionado con el movimiento aparente del Sol, consiste en que, cada amanecer, el astro rey, cambia de posición. Únicamente en el amanecer de los equinoccios de Primavera y Otoño, el Sol aparece justo en el Este (Oriente). A partir del Equinoccio de Otoño, el 23 de septiembre, en cada amanecer, el Sol despuntará en el Oriente cada vez más hacia el Sur.

Movimiento del Sol, el 21 de diciembre
Movimiento del Sol, el 21 de diciembre

El Solsticio, es el momento en el cual, el Sol, en su movimiento aparente hacia el sur, se detiene o estaciona, para iniciar su regreso hacia el oriente. Esto ocurrirá meses después: el 21 de marzo, fecha en la que ocurre el Equinoccio de Primavera. Es el momento en el que el Sol cruza de un hemisferio al otro. Es cuando el Sol se crucifica en los mundos, para que todos los seres tengan vida y la tengan en abundancia.

La Navidad o nacimiento del niño Dios de Belén, ocurre tres días después del Solsticio de Invierno y el Domingo de Resurrección en Semana Santa, ocurre invariablemente después del Equinoccio de Primavera. Por esa época, la constelación de Virgo brilla en el Oriente y en el amanecer del 25 de diciembre, los antiguos imaginaban que el Sol, nacía de entre el vientre de esta constelación.

Por este motivo, la Antropología Gnóstica enseña que diferentes pueblos antiguos celebraban el nacimiento de sus dioses principales en esta época. Cercano al Solsticio de Invierno, nacía Horus en el antiguo Egipto, Mitra, entre los persas y Huitzilopochtli, entre los aztecas.

El Avatara de Acuario, Samael Aun Weor, en el capítulo titulado: El Niño Sol de su «Mensaje de Navidad 1966-67», explica lo siguiente: Observad el Astro Rey en su movimiento elíptico. El Sol se mueve de sur a norte y de norte a sur. Cuando el Sol avanza hacia el norte se celebra el nacimiento del Niño Sol. El nace el 24 de diciembre a la media noche, ya para amanecer del veinticinco.
Si el Cristo Sol no avanzara hacia el norte, la Tierra toda se convertiría en una gran mole de hielo y toda vida perecería, pero el Dios Sol avanza hacia el norte desde el veinticuatro de diciembre para animar y dar calor y vida a todas las criaturas.
El Niño Sol nace el veinticuatro ya para amanecer del veinticinco de diciembre y se crucifica en el equinoccio de primavera para dar vida a todo lo que existe. Lo fijo de la fecha de su nacimiento y lo variable de su muerte tienen siempre en todas las teologías religiosas honda significación
Débil y desvalido nace el Niño del Sol en este humilde pesebre del mundo y en una de esas noches muy largas del invierno, cuando los días son muy cortos en las regiones del norte. El signo de la Virgen Celestial se eleva en el horizonte por la época de Navidad y así nace el Niño para salvar al mundo
”.
El Cristo Sol durante la infancia se encuentra rodeado de peligros, y es a todas luces bien claro que el reino de las tinieblas es mucho más largo que el suyo en los primeros días, pero él vive a pesar de todos los terribles peligros que lo amenazan. Pasa el tiempo…, los días se prolongan cruelmente y llega el equinoccio de primavera, la Semana Santa, el momento de cruzar de un extremo a otro, el instante de la crucifixión del Señor en este nuestro mundo.

Al dar estas explicaciones, no se pretende hacer creer a las personas que el Cristo y el Sol sean lo mismo. Lo que se busca es explicar la alegoría escondida detrás del Mito Solar. Así como el Sol es la luz física de la Tierra. También, para el mundo, Cristo es la luz espiritual. A la luz de la Gnosis, el Mito Solar, expone alegóricamente un drama, el Drama Cósmico. Detrás de este mito, se plantea una enseñanza esotérica profunda. El Mito Solar encierra didácticamente el milagro de la redención humana.
El significado oculto del Mito Solar y del Nacimiento de Cristo se encuentra al comprender que es más importante celebrar la Navidad del Corazón que festejar un acontecimiento histórico, que ocurrió en Tierra Santa hace más de 2000 años. De nada hubiera servido que Cristo naciese mil veces en Belén, si no nace en nuestro corazón también. Sin estas explicaciones, sería casi imposible comprender el mensaje oculto de los símbolos de Navidad y las Tradiciones de Navidad

Notas:

Las imágenes fueron tomadas de: Arte renacentista

Pictures from Paris Cs Columbia

El Planeta Tierra

Imperio Romano

Tradiciones de Navidad

El pasado miércoles 9 de diciembre de 2009, miembros del equipo de Gnosis Guatemala, asistieron a la conferencia: Tradiciones de Navidad que se impartió en el Movimiento Gnóstico Cristiano Guatemalteco, ubicado en la 3a. avenida 11-43, zona 1 de la ciudad de Guatemala.

La conferencia forma parte del Ciclo de Conferencias de Navidad programado por este centro de estudios gnósticos de Guatemala. Permiten a la persona interesada en los estudios gnósticos, obtener una explicación amplia del significado de la fiesta de Navidad, desde el punto de vista de la Gnosis

En el tema desarrollado, se hizo una amplia y clara exposición de diferentes símbolos asociados a las tradiciones navideñas, en especial, las que corresponden al período denominado Adviento por los cristianos.

De acuerdo con lo que afirman muchos historiadores, esta tradición se originó en los pueblos nórdicos para anunciar el próximo acontecimiento del Mito Solar y el Drama cósmico, el esperado advenimiento del Sol, días después del Solsticio de Invierno. Es indudable que el nacimiento de Cristo tiene enorme relación con la noche más larga y los primeros rayos del Sol en el extremo norte del mundo a finales de diciembre.

La Corona de Adviento.
Entre el simbolismo esotérico que se encuentra detrás de esta tradición, aparece en primer lugar: el pino, del que sus ramas, generalmente forman esta significativa corona. El Venerable Maestro Samael Aun Weor, en su obra: Rosa Ignea, explica la siguiente relación entre el pino y la mente: El Pino es el árbol de Acuario. El pino es el árbol de la Nueva Era. El pino es signo del pensamiento acuariano. El Pino es el árbol de Navidad. El Pino es el árbol del Niño Dios. Debemos reconquistar la infancia perdida. El Pino es el símbolo de la mente de la Nueva Era.

Además, el pino cónico, nos da la imagen bidimensional del triángulo que representa a las Tres Fuerzas Primarias de la Naturaleza y del Cosmos, La Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, a la Trimurti hindú: Brahma, Vishnú y Shiva, la divina trilogía egipcia: Osiris, Horus e Isis. También representa a la Trinidad Maya: Itzamná, Kukulkán e Ixchel.

Los tres principios creadores en la aurora de del Día Cósmico son reconocidos en todas las civilizaciones antiguas. Corresponden a las fuerzas: positiva, negativa y neutra de la Naturaleza.
Cabalísticamente, la Corona de Adviento, nos recuerda a la Corona Sephirótica, los tres primeros sephirotes de la Cábala hebraica: Keter, Chocmah y Binah. Nuevamente, encontramos a los tres principios creadores. La corona, simboliza también el Círculo Gnóstico que explica las leyes de retorno y recurrencia : El principio es igual al final, más la experiencia del ciclo. Asimismo representa al Binario serpentino, al doble significado de la serpiente, en especial, Kundalini, la serpiente ígnea de los mágicos poderes.

A este respecto, conviene trasladar la siguiente explicación que da el Kalki Avatar, Samael Aun Weor en el capítulo titulado precisamente: El Binario serpentino, de su obra: «La Doctrina Secreta de Anahuac»: Binarios serpentinos, ya danzando exóticamente debidamente enroscados en la mística figura del Santo Ocho, ya en forma encadenada formando círculo al estilo maya, etc., nos están indicando algo misterioso, extraordinario y mágico. No está de más en este Tratado citar enfáticamente al doble carácter esotérico de la serpiente. Distíngase entre la serpiente tentadora del Edén y la Serpiente de bronce que sanaba a los israelitas en el desierto; entre la horripilante Pitón que se arrastraba entre el lodo de la tierra y que Apolo, irritado hirió con sus dardos y esa otra que ascendía por la vara de Esculapio, el Dios de la Medicina.

Los cuatro cirios de la Corona de Adviento, nos recuerdan el Arcano cuatro de la Cábala, al santo Tetragrammatón, el Nombre Sagrado del Eterno, las cuatro letras hebreas: Iod, He, Vau, He. También nos recuerda a las cuatro puntas de la cruz, que simbolizan los cuatro elementos de la Naturaleza: fuego, aire, agua y tierra; así como los cuatro elementos de la Alquimia: sal, mercurio, azufre y azoe. Para más información relacionada con la simbología del santo cuatro, invitamos a consultar el capítulo IV del Curso Esotérico de Kábala de Samael Aun Weor.

La Quema del Diablo
En Guatemala, desde la época de la Colonia, se celebra esta tradición. Algunos historiadores afirman que se inició con luminarias asociadas a las vigilias para esperar el día de la Inmaculada Concepción. Es tradicional en la Quema del Diablo encender fogarones o fogatas frente a las casas. Es costumbre limpiar previamente la casa y quemar las cosas viejas e inservibles que resulten combustibles.

Años atrás los niños juntaban paja y ramas muertas de plantas (chirivisco) recolectadas en sitios baldíos y barrancos. Esta fiesta se celebra cada vez menos, entre otras razones, por las ecológicas. Sin embargo, su simbolismo esotérico es profundo. A la luz de la Gnosis y con apoyo de la Psicología Gnóstica, esta tradición se explica en la necesaria limpieza y “quema”, de los elementos indeseables de la conducta que moran en nuestra casa psicológica, nuestra propia psiquis. Simboliza la muerte del Ego o yo psicológico, que personifica a nuestros errores. Es claro, que en los estudios gnósticos no se apoyaría la destrucción de los bienes de la Naturaleza, pero nos limitamos a explicar el simbolismo escondido en esta tradición. Más importante que la quema de basura física, es la limpieza de nuestro interior y la quema de nuestros defectos, el yo pluralizado.

Las posadas
El nacimiento del niño Dios, es un acontecimiento que tiene suma importancia para la conciencia. De nada hubiera servido que Cristo naciera mil veces en Belén, si no nace en nuestro corazón también. Es importante celebrar la Navidad , como el nacimiento del Mesías, pero de acuerdo con la Antropología Gnóstica, resulta más importante celebrar la Navidad del corazón, el nacimiento de Cristo en cada uno de nosotros.

El Gnosticismo universal enseña que Jesús de Nazareth es el iniciado solar más exaltado de la Logia Blanca, pero que su misión debe completarla cada uno de nosotros imitando su ejemplo y realizar el milagro del nacimiento de Cristo en nuestro interior.

Para que este milagro ocurra, hay que trabajar en la Novena Espera. Las tradicionales posadas que se celebran nueve días antes de Navidad, simbolizan este trabajo supremo. Cristo intenta nacer en la casa de cada uno de nosotros y, de ahí que el Padre y la Madre interna pidan posada, día con día en nuestra casa para que nazca el niño dios de Belén.

El arcano 9 de la Cábala simboliza el sexo, la piedra filosofal de los alquimistas, la novena esfera, los nueve círculos del Infierno, tal como lo explica Dante Alighieri en su Divina Comedia y como lo enseña la religión de los mayas. Samael Aun Weor, Presidente fundador de las instituciones gnósticas, en su obra: «Mensaje Supremo de Navidad 1967-1968», explica: El estudio del novenario sagrado concluye siempre con la piedra cúbica de punta, que en sus nueve caras maravillosas, reúne en sí misma toda la perfección espléndida del cubo y la elevación equilibrada de la pirámide de base cuadrangular.

Dice además el Avatara que: En esta piedra viva del templo, se encuentra la clave de la Auto Realización Íntima. La piedra filosofal es el sexo. Esta es la piedra cúbica de Jesod. En otras palabras, nadie puede llegar a la maestría, al adeptado, sin haber trabajado en la Novena esfera. La piedra cúbica de punta tiene nueve caras, nueve vértices y dieciséis aristas”.

La piedra cúbica de punta nos está diciendo que toda elevación requiere una previa humillación; es preciso bajar primero a los mundos infiernos, al noveno circulo, bajo la superficie de la tierra, para tener derecho a subir al Cielo.

Al referirse a la novena esfera, Samael Aun Weor, en su libro Curso Esotérico de Kábala, dice lo siguiente: Allí baja Marte para retemplar su espada flamígera y conquistar el corazón de Venus (la iniciación Venusta), Hércules para limpiar los establos de Augías (los bajos fondos animales), Perseo para cortar la cabeza de la Medusa (el yo psicológico o Adam terrenal) con su espada flamígera, Por esa misma razón descienden también a Xibalbá los heroes gemelos del Popol Wuj.

La Virgen María
Antes de nacer, Cristo debe ser concebido entre el vientre de la Madre Divina particular e individual de cada quien y que está representada por la Virgen María y todas las vírgenes y doncellas de la mitología universal. María tiene los mismos atributos divinales que Isis, Devaki, Ixkik y todas las diosas madres de la antigüedad. Al referirse específicamente a la iniciada María madre de Jesús, Samael Aun Weor, en su obra: «El libro de la Virgen del Carmen», dice lo siguiente: Ante los ojos del Alma desaparecen por completo las púrpuras y sedas con que se ha querido envolver el recuerdo de María, la Divina Madre de Jesús de Nazareth. No fue María aquella verdad mundanal pintada en todas las acuarelas.

Con los ojos del Espíritu sólo contemplamos una virgen morena quemada por el sol del desierto. Ante nuestras atónitas miradas espirituales se desdibujan esbeltos cuerpos y rostros provocativos de figuras femeninas, para aparecer en su lugar una mujercita sencilla de pequeña estatura, cuerpo delgado, rostro pequeño y ovalado, nariz roma, labio superior algo saliente, ojos gitanos y amplia frente.

Aquella humilde mujer vestía con túnica color carmelita o marrón y sandalias de cuero. Caminando a través de los desiertos africanos rumbo a la tierra de Egipto, parecía una pródiga con su túnica vieja y rota, y su rostro moreno humedecido en copioso sudor. No es María aquella estatua de púrpura y diamantes que hoy adorna la catedral de Notre Dame de París. No es María aquella estatua cuyos dedos de armiño, engarzados en puro oro, alegra las procesiones de la casa parroquial.

No es María aquella beldad inolvidable que desde niños contemplamos sobre los suntuosos altares de nuestras iglesias pueblerinas, cuyas campanas metálicas alegran los mercados de nuestras parroquias.

Ante nuestros sentidos espirituales sólo vemos una virgen morena quemada por el sol del desierto. Ante la vista del espíritu desaparecen por completo todas las fantasías para aparecer en su lugar una pródiga humilde, una humilde mujer de carne y hueso.

Más adelante, el Venerable Maestro, resume tradiciones contenidas en los evangelios apócrifos, en especial el Protoevangelio de Santiago, el libro de la Natividad de María, y el Pseudo Mateo. En dichos libros se habla de los padres de María: Ana y Joaquín, aceptados por la tradición y el santoral, pero ignorados en los Evangelios Canónicos. Se narra además, que María fue una sacerdotiza del templo de Salomón.

Continúa diciendo el Avatara de la Era de Acuario, en «El Libro de la Virgen del Carmen»: María conoció la Doctrina secreta de la tribu de Leví. María se educó a la sombra augusta de los pórticos de Jerusalén, entre el follaje núbil de esas palmeras orientales, a cuyas sombras descansan los viejos camelleros del desierto. María fue iniciada en los misterios de Egipto, conoció la sabiduría de los faraones, y bebió en el cáliz del antiguo Cristianismo, calcinado por el fuego ardiente de las tierras orientales”.

Más adelante, el Avatara, narra en el Capítulo II de la obra citada, como se eligió a José como esposo de María. Había en el templo de Jerusalén 33 varones sacerdotes de la Tribu de Leví. José el padre de Jesús de Nazareth, era uno de los 33 ancianos del templo de Salomón. Después de la Anunciación, el Sumo Sacerdote ordenó que todos los 33 sacerdotes del templo depositaran sus varas detrás del altar. Y se dispuso que aquella vara que amaneciera florecida, sería la del esposo de María.

Cada uno de los sacerdotes, uno a uno en orden sucesivo, fueron colocando sus varas detrás del altar. El último que debía colocar su vara fue el Sacerdote José, pero éste se resistía a la orden del Sumo Sacerdote, alegando su avanzada edad. Empero, tuvo que obedecer la orden, y depositó su vara detrás del altar. Al otro día, muy de mañana, fueron los sacerdotes al altar para recoger sus varas, y cuánta no sería su sorpresa al hallar la vara de José toda florecida. Así fue como se designó a José por esposo a María.

Resulta muy curioso que parte de esta leyenda, la cuentan personas de la tercera edad o adultos mayores. La aprendieron como parte de la doctrina Cristiana durante la infancia, pero desafortunadamente no se incluyeron en el Nuevo Testamento.

El arte de amar (sexta parte y conclusión)

“En el amor nada importa, ciertamente, ni el dolor ni la alegría, sino sólo eso
que se llama Amor”.
“Mientras el amor libre ata, la desunión lo mata, porque Eros
es lo que realmente une”.
“El amor se enciende con amor, como el fuego con el fuego. Pero, ¿de dónde
salió la primera llama?
En ti salta bajo la vara del dolor, tú lo sabes”.
“Luego, ¡oh dioses!, cuando el fuego escondido sale llameando, lo de dentro y
lo de fuera son una sola cosa
y todas las barreras caen hechas cenizas”.
“El amor comienza con un destello de simpatía, se consubstancializa
con la fuerza del cariño y se sintetiza en adoración.
Un matrimonio perfecto es la unión de dos seres,
uno que ama más y otro que ama mejor”.
“El amor es la mejor religión asequible.
¿Amar? ¡Cuán bello es amar; sólo las almas puras y simples saben amar!”
“¡Gnósticos: avivad la llama del espíritu con la fuerza de Eros!” (Samael Aun Weor, El Misterio del Áureo Florecer)
*
Desde un punto de vista trascendental, cuando las parejas se unen según los cánones o reglas del arte amatorio, entonces “el amor por el o la cónyuge se vincula, místicamente, con representaciones espléndidas que tienen su origen en el mundo del espíritu puro”.
El arte amatorio del gnosticismo universal jamás comete el error de separar el sexo y sus funciones de la espiritualidad trascendente, y con gran énfasis declara que ha llegado la hora de mirar las funciones sexuales no como motivo de vergüenza, tabú o pecado, sino como algo infinitamente elevado, sublime y terriblemente divino.
Este arte amatorio, que en el presente seminario analizamos, con su sexo-yoga, maithuna o magia sexual nos transfigura radicalmente y acentúa la idea de lo sexual en el alma de cada uno de nosotros. Es decir, nos lleva a comprender que el verdadero amor o amor consciente, nunca puede estar separado de la supra-sexualidad.
Es incuestionable el fondo cósmico-trascendental de la sexualidad; la sexología esotérica nos permite realizar un enlace entre lo físico, lo anímico y lo espiritual. Por eso sólo son capaces de practicar el arte amatorio o alquimia sexual aquellas personas inteligentes y comprensivas que tratan de trascender el dualismo, aquel que separa al mundo anímico de los sentidos.
Ahora bien, él y ella, esposo y esposa, unidos con lazos de verdadero amor, constituyen la célula fundamental de la sociedad. De la unión sexual entre marido y mujer nacen los hijos y surge la familia.
Tal como psicológicamente son las parejas, así serán los hijos; tal como interna o psicológicamente son las familias, así será la comunidad, el barrio, la urbanización, la nación, el Estado y su Gobierno, los sindicatos, los partidos políticos, los grupos religiosos, los organismos culturales y de manera global cualquier agrupación humana.
Si él y ella poseen valores estéticos dentro de sí mismos, si poseen belleza interior, por ley de afinidades psicológicas y de imantación universal procrearán hijos con muchos valores anímicos y los educarán con esa fuerza maravillosa del amor que emana de la belleza íntima.
El amor se deriva, pues, del misterio de la belleza. La hermosa luz del amor es la única energía cósmica que puede consolidar a las parejas, que puede darle un piso firme y sólido a la vida matrimonial, y por lo tanto, la vida familiar y a la vida social.
El amor humano es una chispa del amor divino. El amor, encarnado mediante los procedimientos de la revolución gnóstica de la conciencia en el corazón de él y de ella, le dan una razón de ser al sacramento del matrimonio porque las parejas entienden que el sexo no sólo tiene funciones generadoras sino también regeneradoras; además, comprenden cuál es el exacto sentido de vivir en este mundo físico y se tornan personas generosas, magnánimas y caritativas.
Lo cierto es que la fuerza misteriosa del amor imprime un sello particular al Cosmos, a la Naturaleza y a la existencia humana, creando sexualmente y volviendo a crear. Podemos aseverar que puede haber (y lo hay, lamentablemente) mucho sexo sin amor, pero eso es simplemente lujuria, pasión animal; y actúa como fuerza desintegradora, no creadora ni enaltecedora.
Con base en hechos y no en especulaciones intelectivas; tomando en cuenta la verdadera estructura psicofísica de la criatura humana, es decir, como ente que además de un cuerpo físico tiene una particular psicología, afirmamos solemnemente que la belleza interior origina pensamientos luminosos de amor, sentimientos o emociones superiores de amor, acciones de amor, instintos amorosos y, finalmente, amor sexual. Así se produce un equilibrio perfecto en los cinco centros de la máquina orgánica: el intelectual, el emocional, el motor, el instintivo y el sexual.
Como se ha dicho a lo largo de este seminario, los terrícolas no sabemos amar porque hemos separado la función sexual de la espiritualidad, e ignoramos (entre muchas otras cosas) que este Sistema Solar donde vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser, tuvo, al igual que los otros sistemas solares, un origen divino y sexual, y que lo que el Demiurgo Creador hizo en el Cosmos infinito, eso mismo debemos hacer nosotros en el propio microcosmos. Vale decir: el camino de la regeneración humana o vía para crear un nuevo hombre y una nueva mujer, es exclusivamente un asunto de amor sexual, pues ninguna creación es posible sin el concurso de las dos polaridades: la fuerza sexual masculina y la fuerza sexual femenina, conciliadas ambas por una tercera fuerza de cohesión, la del amor.
Cabe señalar que la desaparición, en el ambiente cultural moderno, de la idea del acto amoroso como un hecho espiritual ha provocado en nosotros una merma de valores anímicos, sobre todo de valores estéticos. Y a medida que avanzamos tecnológica y científicamente, retrocedemos o involucionamos en relación con el antiquísimo arte amatorio, en relación con el misterio entre los sexos, fundamentado en el influjo mágico del verdadero amor. Merced a ese olvido, hemos llegado a creer que el sexo sólo sirve para generar nuevas criaturas y para el disfrute pasional de un solo instante.
Existen, ciertamente, aspectos subjetivos-sexuales, es decir, la utilización de la sexo-energía en forma mecanicista, lujuriosa, concupiscente, libidinosa; lo que de hecho conduce al fortalecimiento del ego animal y a la formación de nuevos “agregados psíquicos” o “yoes”. Sin embargo, en el sexo también existe un poder objetivo-creador que, debidamente utilizado nos lleva a un erotismo superior, en el que el ansia sexual y el anhelo espiritual en plena fusión mística, conducen inteligentemente a la unidad del alma con la sensualidad, o sea, hacia la sexualidad vivificada; entonces lo sexual deja de ser motivo de vergüenza, tabú o “pecado” y se torna profundamente religioso.
Así, con basamentos sólidos de tipo científico, artístico, filosófico y místico, la Gnosis afirma que de la plena fusión integral del entusiasmo espiritual con el ansia sexual, deviene la conciencia mágica, la conciencia capaz de realizar todos los prodigios del amor. Es de este modo y no de otro, como pueden las parejas que se adoran (él y ella) emanciparse del círculo vicioso del acoplamiento vulgar, común y corriente, y penetrar en la esfera gloriosa del equilibrio magnético, evitando ser víctimas del hastío, del cansancio, de la frustración amorosa producto de la fornicación y el adulterio.
Cuando se practica el arte amatorio según las leyes de la alquimia sexual, se redescubre en el ser amado, se halla en él la senda que conduce a la unión con el ser, con el Dios íntimo que habita en las profundidades de la conciencia individual.
Contrario a lo que muchos piensan, en la relación de parejas no son hormonas ni vitaminas de patente (fabricadas por los modernos laboratorios) lo que se necesita para la vida matrimonial, sino auténticos sentimientos de TÚ y YO, y por ende, el intercambio de las más selectas facultades afectivo-eróticas entre el varón y la mujer.
Escrito está con carbones encendidos en el libro extraordinario de la vida, que el amor ardiente o amor sexual entre varón y hembra, obra mágicamente… La magia es, según Novalis, el arte de influir conscientemente sobre el mundo interior. El amor es pues, la base de la posibilidad de la magia y de adquisición de la sabiduría del ser; porque en el amor está contenido el sumum de la sabiduría.
El amor, en efecto, es la potencia mágica por excelencia. La ley fundamental de todo influjo mágico es la de la polaridad. La magia sexual, sexo-yoga, kundalini-yoga o arte amatorio entre marido y mujer, tiene su fundamento potencial en el sexo. Porque, ciertamente, todos tenemos algo de fuerzas eléctricas y magnéticas y ejercemos, igual que un magneto, una fuerza de atracción y de repulsión. Entre los amantes es especialmente poderosa esa fuerza magnética y su acción llega muy lejos.
Para nosotros los gnósticos el cuerpo físico es algo así como alma materializada, condensada; no un elemento impuro o pecaminoso, como suponen los tratadistas religiosos de la ascética absoluta de tipo medieval.
Tales planteamientos, como ese de que el sexo obstaculiza al alma, tiene un aspecto negador de la vida y en contraposición surge (como por encanto) la ascética revolucionaria de la Nueva Edad de Acuario: mezcla inteligente de lo sexual y lo espiritual, dirigida a preparar, ordenar y enlazar esos miles de millones de dispositivos físicos y psíquicos que constituyen nuestro propio universo interior, particular.
La lujuria, la pasión animal separa al cuerpo de la esencia anímica, de eso que tenemos de alma humana y por añadidura nos separa del ser, de Dios-Padre y de Dios-Madre que habita en nuestra intimidad; separación que provoca la inevitable ruptura entre las parejas.
Es incuestionable que con la aplicación práctica de los métodos del arte amatorio, las parejas que verdaderamente se aman pueden conservar toda la vida la luna de miel. Sólo así, mediante la mutua e íntima aspiración esotérica en dirección al ser, pueden los varones y mujeres que se adoran, llegar a ser completos, íntegros, uni-totales.
Digamos finalmente, que el acto sexual, como función unificadora de espíritu, alma y cuerpo, puede convertirse en inter-acción cósmico-mágica y, por ende, es constructivo. El acto sexual como simple satisfacción del instinto animal, con exclusión de la voluntad de amor anímico-espiritual, obra sólo de manera exteriorizante y, por ende, es desintegrador” (Vea libro titulado La magia del sexo, de Charles Waldemar).
*
El arte de amar
(Conclusión)
“Así que, la cuestión de los temperamentos es muy importante.
No solamente se necesita que haya correlación entre los
distintos centros de la máquina orgánica: intelecto, emoción,
movimiento, instinto y sexo,
sino que haya también temperamentos afines.
Sólo así, habiendo temperamentos afines y perfecta inter-relación
de los distintos centros de la máquina,
puede haber una auténtica afinidad entre las parejas, lo cual daría felicidad”.
(Samael Aun Weor, conferencia titulada Sexología trascendental)

Con la transcripción del capítulo Nº 1 del libro titulado El matrimonio perfecto, en el que el maestro Samael Aun Weor describe con extraordinarias pinceladas qué es el amor en sí mismo, colocamos punto final a este seminario cuyo objetivo consiste en arrojar un poco de luz sobre las tinieblas espantosas del odio; es decir, del contra-amor, del anti-amor, que como pesado manto funerario amenaza con destruir definitivamente a esta pobre humanidad doliente…
Escribe el maestro: Dios, como Padre es Sabiduría, Dios como Madre es Amor. Dios como Padre reside en el ojo de la sabiduría (el ojo de la sabiduría se halla situado en el entrecejo); Dios como Madre se halla en el templo-corazón.
Sabiduría y amor son las dos columnas torales de la gran logia blanca.
Amar ¡cuán bello es amar!; sólo las grandes almas pueden y saben amar.
El amor es ternura infinita, el amor es la vida que palpita en cada átomo, como palpita en cada Sol.
El amor no se puede definir porque es la divina madre del mundo, es eso que adviene a nosotros cuando realmente estamos enamorados.
El amor se siente en lo hondo del corazón; es una vivencia deliciosa, es un fuego que consume, es un vino divino, delirio del que lo bebe. Un simple pañuelito perfumado, una carta, una flor, promueven en el fondo del alma enamorada tremendas inquietudes íntimas, éxtasis exóticos, voluptuosidad inefable.
Nadie ha podido definir qué es el amor. El amor hay que vivenciarlo, hay que sentirlo. Sólo los grandes enamorados saben realmente qué es eso que se llama amor.
El matrimonio perfecto es la unión de dos seres que verdaderamente saben amar.
Para que verdaderamente haya amor se necesita que el hombre y la mujer se adoren en los siete grandes planos cósmicos. Para que haya amor se necesita que haya una verdadera comunión de almas en las tres esferas de pensamiento, sentimiento y voluntad.
Cuando los dos seres vibran afines en sus pensamientos, sentimientos y voliciones, entonces el matrimonio perfecto se realiza en los siete planos (o regiones) de conciencia cósmica.
Existen personas que están casadas en los planos (o mundos) físico y etérico, pero en el astral no lo están. Otras están casadas en los planos físico, etérico y astral, pero no lo están en el plano (o mundo) mental: cada cual piensa a su manera, la mujer tiene una religión y el hombre otra, no están de acuerdo en lo que piensan, etc.
Existen matrimonios afines en los mundos del pensamiento y del sentimiento, pero absolutamente opuestos en el mundo de la voluntad. Esos matrimonios chocan constantemente, no son felices.
El matrimonio perfecto debe efectuarse en los siete planos (o mundos) de conciencia cósmica. Existen matrimonios que no llegan ni siquiera hasta el plano (o región) astral; entonces no existe ni siquiera la atracción sexual. Esos son verdaderos fracasos, esa clase de matrimonios se fundamentan exclusivamente en la fórmula matrimonial.
Algunas personas están llevando vida matrimonial en el plano físico con determinado cónyuge, y en el plano mental llevan vida conyugal con otro cónyuge diferente. Rara vez encontramos en la vida un matrimonio perfecto. Para que haya amor se necesita afinidad de pensamientos, afinidad de sentimientos y de voluntades.
Donde existe el cálculo aritmético, no hay amor. Desgraciadamente en la vida moderna el amor huele a cuenta de banco, a mercancías y a celuloide. En aquellos hogares donde sólo existen sumas y restas, no existe el amor. Cuando el amor sale del corazón, difícilmente regresa; el amor es un niño muy esquivo.
El matrimonio que se realiza sin amor, únicamente sobre bases de interés económico o social, es realmente un pecado contra el Espíritu Santo. Esa clase de matrimonios fracasan inevitablemente.
Los enamorados, a menudo confunden al deseo con el amor, y lo peor del caso es que se casan creyéndose enamorados. Consumado el acto sexual, satisfecha la pasión carnal, viene entonces el desencanto, queda la terrible realidad.
Los enamorados deben analizarse a sí mismos antes de casarse para saber si realmente están enamorados. La pasión se confunde fácilmente con el amor; el amor y el deseo son absolutamente opuestos. Aquel que verdaderamente está enamorado es capaz de dar hasta la última gota de sangre por el ser adorado.
Examínate a ti mismo antes de casarte: ¿te sientes capaz de dar hasta la última gota de sangre por el ser que adoras? ¿Serías capaz de dar tu vida para que el ser adorado viviese? Reflexiona y medita: ¿existe verdadera afinidad de pensamientos, sentimientos y voluntades con el ser que adoras? Recuerda que si esa afinidad completa no existe, entonces tu matrimonio, en vez del cielo, será un verdadero infierno.
No te dejes llevar del deseo; matad no solamente el deseo, sino hasta la sombra misma del árbol tentador del deseo.
El amor comienza con un relámpago de simpatía deliciosa, se substancializa con la ternura infinita y se sintetiza en suprema adoración. Un matrimonio perfecto es la unión de dos seres que se adoran absolutamente.
En el amor no existen proyectos ni cuentas de banco. Si tú estás haciendo proyectos y cálculos, es porque no estás enamorado. Reflexiona antes de dar el gran paso: ¿realmente estás enamorado? ¡Cuídate de la ilusión del deseo!; recuerda que la llama del deseo consume la vida y queda entonces la tremenda realidad de la muerte. Contempla los ojos del ser que adoras, piérdete entre la dicha de sus pupilas, pero si quieres ser feliz, no te dejes llevar del deseo.
No confundas, hombre enamorado, el amor con la pasión, auto-analízate profundamente. Es urgente saber si ella te pertenece en espíritu, es necesario saber si sois completamente afín con ella en los tres mundos de pensamiento, sentimiento y voluntad.
El adulterio es el resultado cruel de la falta de amor; la mujer verdaderamente enamorada preferiría la muerte antes que el adulterio. El hombre que adultera no está enamorado.
El amor es terriblemente divino, la Bendita Diosa-Madre del Mundo es eso que se llama amor.
Con el fuego terrible del amor podemos transformarnos en dioses para penetrar, llenos de majestad, en el anfiteatro de la ciencia cósmica…________________________________________________________________
Franklin Ugas/Asociación Gnóstica Tlalok
Maracaibo, Estado Zulia, Venezuela.
AGEAC

El esotérico pez en las aguas de la vida

El Pez es el soma de los misterios de Isis, María o Marah, de Stella Maris (la Estrella del Mar). Ella es el Vientre-Madre, la Noche-Madre, La iniciática Oscuridad sin límites del Espacio Abstracto Absoluto, donde las ondinas guardan el oro del Rhin o fuego del pensamiento divino y genesíaco. Ella representa a las aguas de la vida, al Caos espermático del primer instante, arriba y abajo.

Recordemos que el Pez nace y muere en las aguas de la vida. Recordemos al pez Dari de los Caldeos, que representa al HIJO DEL HOMBRE, saliendo de entre las aguas de la vida. Sin las aguas de la vida no es posible la regeneración y el Hijo del Hombre sale de las aguas de la vida.

Con respecto a los hombres-peces nos dice el Maestro Samael Aun Weor, en su obra «Mirando al Misterio»: «Yo siempre presentía que existían en el fondo de los océanos, hombres peces, criaturas inteligentes y hasta me parece que esto está relacionado en alguna forma con el famoso PEZ OANES de los caldeos.

No quiero quitarle al tal pez otras alegorías más profundas; sólo quiero enfatizar la idea de que tal símbolo se corresponde también con el misterio profundo de los hombres peces». Tiphon en el viejo Egipto de los faraones, despedazando el cuerpo de Osiris, tenía la Forma de un pez La forma del viejo ataúd de Osiris, trae a la memoria (por su semejanza y significado Iniciático) a otro “Pez”, representado magníficamente en el alfabeto semita con la letra samek, que ocupa el 15º lugar kabalístico, lo que indudablemente simboliza, en principio, a la famosa constelación de la Ballena, bajo cuya regencia debemos realizar todos los trabajos en la novena esfera.

Esa constelación esta relacionada con el acontecimiento de Jonás y tiene que ver con las medidas del ataúd de Osiris (que tiene la forma de un Pez) porque para ello tuvo Osiris que bajar al negro y horroroso precipicio, tuvo que pasar tres períodos. En el cuento infantil de Pinocho, también, el niño de madera, es tragado por la ballena y tiene que ser rescatado por su “padre” Gepetto.

Recordemos ahora que en Babilonia se adoraba a EA, una deidad mitad hombre, mitad pez, y a la que a veces se le representaba con un hombrecillo en una mano y una escuadra en la otra. El historiador Berosio lo Llama Ioannes (I.E.O.U.A. N.) y que para algunos es el mismo Jonás de la Biblia.

Si observamos el signo de PISCIS, vemos dos peces que simbolizan, en principio, la dualidad, la lucha entre las ideologías contrarias: el Espiritualismo y el Materialismo, tesis y antítesis, etc.

Por otra parte, los dos peces enlazados o unidos por un cordel, señalan a las dos almas (la Divina y la Humana), sumergidas entre las aguas profundas de la Noche-Madre, en maridaje eterno, hermanadas por ese cordel que es el Íntimo o Atman. Ellas trabajan bajo la dirección de Atman con el mercurio de los filósofos para separar las aguas de las aguas.

Nada podrían hacer Isis y Osiris sin el mercurio sexual; los dos peces eternos, se aman, se adoran y viven siempre creando y volviendo nuevamente a crear. El Gnosticismo Cristiano de los primeros tiempos fue simbolizado por el Pez. Lástima que millares de estudiantes de Ocultismo hayan olvidado la Gnosis del Pescado. La Edad de Piscis no ha debido ser un fracaso como realmente fue. La causa causorum del fracaso pisciano se debió a elementos tenebrosos que traicionaron a la Gnosis y predicaron ciertas doctrinas anti-Gnósticas o Agnósticas, subestimando al Pez, desechando la RELIGION-SABIDURIA y sumiendo a la humanidad en el Materialismo

La reacción contra el Gnosticismo fue el Materialismo repugnante sin Dios y sin Ley. Este fue el crimen más grave de la Edad de Piscis Jesús, el Cristo y sus 12 “pescadores”, Iniciaron una edad que bien habría podido ser de grandes esplendores; indicaron el camino preciso en la Edad de Piscis: El Gnosticismo, la sabiduría del pescado.

El Pez símbolo de la Era de Piscis se dice en griego «ICHTHYS» (Ijzýs). Puestas en vertical, estas letras forman un acróstico: «Iesús Christós Theos Yiós Sotér» («Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador»). El ancla o los panes que lo acompañan son símbolos de la salvación y del mercurio alquimista respectivamente. Es evidente la relación del Pez con el agua del Bautismo y la regeneración espiritual y es el «Alimento Supersubtancial» que se materializa multiplicado junto con el Pan.

Por: César Owen / España

El arte de amar (Cuarta y quinta parte)

Cuarta parte
¡Amar, cuán bello es amar; sólo las grandes almas pueden y saben amar! (Samael Aun Weor)
Te doy amor, en el cual está contenido el sumum de la sabiduría. (Hermes Trimegistro)

¿Por qué Jesús, el Gran Kabir o Varón Divino, sintetizó todos los mandamientos en el “amaos los unos a los otros”? ¿Y por qué las sagradas escrituras afirman que Dios es amor? Eso es lo que, seguidamente, vamos a estudiar y reflexionar…
Para reflexionar leamos ahora lo que sobre el amor nos dice el V.M. Samael Aun Weor en sus libros y conferencias.
“El primer mandamiento es: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. El mandato del Primer Misterio es equivalente al mandato del Padre” (“Pistis Sophía” develada por Samael Aun Weor).
“El amor, en sí mismo, es una fuerza cósmica, una fuerza universal que palpita en cada átomo, como palpita en cada Sol”.
“Las estrellas también saben amar. Observémoslas en las noches deliciosas de plenilunio: ellas se acercan entre sí y a veces se fusionan o integran totalmente. ¡Una colisión de mundos!, exclaman los astrónomos, mas en realidad lo que ha sucedido es que dos mundos se han integrado con los lazos del amor”.
“Los planetas de nuestro Sistema Solar giran alrededor del Sol, atraídos incesantemente por esa fuerza maravillosa del amor. Observemos el centelleo de los mundos en el firmamento estrellado: comulga (tal centelleo luminoso, las ondas de luz, las radiaciones luminosas) con el suspiro de la flor…
Hay amor en la estrella y en la rosa que lanza al aire su perfume delicioso. El amor, en sí mismo, es profundamente divino, terriblemente divino.”
(Conferencia titulada “El milagro del amor” de Samael Aun Weor).

*
Transitando pues, por las vías que señalan los textos sagrados del oriente y del occidente del mundo, podemos afirmar que el amor es la primera y última de todas las ordenanzas o mandatos divinos, que el amor es una ley, pero amor consciente. Por lo tanto, sin amor consciente no es posible cumplir ley o mandamiento alguno.
Por ejemplo, uno de los principales preceptos de la cultura gnóstico-cristiana dice: ¡No matarás!, pero uno comienza a matar con el resentimiento que guarda en su corazón, e incluso mata lo que más quiere. La guerra y la muerte que vemos por doquier, comienza con el odio que hay dentro de nosotros mismos y que se manifiesta con la pugnacidad entre las parejas, con la violenta relación entre los parientes, entre los vecinos, etc.
Al respecto, el Maestro Samael refiere que “El asesinato es, fuera de toda duda, el acto de corrupción más grande que existe en el mundo”, pero aclara que “no solamente se extingue o apaga la vida ajena con revólveres, gases, cuchillos, venenos, piedras, palos, horcas, etc., sino que también se aniquila la vida de nuestros semejantes con palabras duras, miradas violentas, actos de ingratitud, con la infidelidad, la traición, las carcajadas, etc.
Muchos padres y madres de familia aún vivirían si sus hijos no le hubieran quitado la vida mediante sus malas acciones; multitud de esposas o esposos aún respirarían bajo la luz del Sol si el o la cónyuge se lo hubiese permitido. Recordemos que el ser humano mata lo que más quiere. Cualquier sufrimiento moral puede enfermarnos y llevarnos al sepulcro; toda enfermedad tiene causas psíquicas.” (Vea El parsifal develado. Capítulo Nº 37 de Samael Aun Weor).

El odio es la antítesis fatal del amor; el odio es el “agregado psíquico” o elemento psicológico más abominable que existe dentro de la criatura humana.
En este seminario conviene que todos los participantes comprendamos lo que significa violar leyes, concretamente lo que implica violar la ley del amor.
La violación de la ley del amor conduce inevitablemente a la violencia y a la guerra, la violación de esa ley cósmica destruye el cuerpo físico y mata el alma.
Hay almas que están decididamente muertas para todo posible desarrollo interior, que poco a poco han ido perdiendo las posibilidades de crecimiento y perfección, un derecho que por falta de amor la gente no utiliza. Y con el alma dormida, embotellada entre el ego (muerta, digamos), es imposible dejar de odiar, blasfemar, deshonrar, matar, fornicar, robar, mentir, adulterar, etc., aún cuando posea un vasto conocimiento intelectual sobre los mandamientos o sobre las leyes que rigen la convivencia fraternal entre los seres humanos.
Y es que el arte de amar está más allá de los conceptos intelectivos, es un asunto que no se relaciona con las creencias o las opiniones que sobre Dios y sobre el Amor tenga cada persona. De allí la frase: “A Dios no se llega con el intelecto, sino con el corazón”…
Pensar sobre el amor es distinto a sentir el amor. Los pensamientos que alguien pueda elaborar sobre el amor, no son el amor. Pero en nuestro tiempo ha sucedido que todo lo hemos reducido a intelecto, hemos encasillado la vida dentro de rígidos moldes intelectuales y ese vano racionalismo subjetivo nos ha deshumanizado, nos tiene convertidos en robots-humanoides que piensan en el amor, pero cuyos corazones están vacíos, no contienen esa fuerza cósmico-divinal maravillosa, extraordinaria.
Es imposible aceptar el hecho de que el amor es una ley mientras no hayamos comprendido, en forma integral, el complejo problema de la mente.
La mente sensorial, esa que únicamente se nutre con los datos que le aportan los cinco sentidos físicos, es el peor enemigo del amor. De allí que en los países que presumen de ser “super-civilizados”, de estar “altamente desarrollados”, el amor ya no existe porque todo el pensamiento de quienes los habitan está colocado en la búsqueda de dinero, comodidades y diversiones.
La mente sensorial, embotellada entre el ego, entre el “yo pluralizado”, entre el “mí mismo”, es (repetimos) el peor enemigo del amor y obviamente nos aleja del arte amatorio; nos impide cumplir con la ley suprema o primer mandamiento que ordena “amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo”.
“Hay quienes tienen la mente embotellada entre los celos, en el odio, en el deseo de ser rico, en la buena posición social, o entre el pesimismo, en el apego a determinadas personas, en la identificación con sus propios sufrimientos, en sus familiares, etc. Y hay quienes viven fantaseando sobre el amor, quieren que el amor opere de acuerdo con sus gustos y disgustos, normas intelectuales, prejuicios, preconceptos, recuerdos, experiencias mecánicas…”
Obviamente unos y otros jamás podrán saber realmente qué es la ley divina del amor y en qué consiste el arte de amar. De hecho, aunque sin saberlo, ese tipo de personas se han convertido en enemigas del amor. Es necesario, por lo tanto, comprender a fondo todos esos procesos mentales del “yo”, del “mí mismo”, del ego, que acaban con la belleza íntima del verdadero amor. (Vea el libro titulado Educación fundamental de Samael Aun Weor).
Los mecanismos de la mente sensual, por otra parte, nos llevan hacia la confusión, nos impiden comprender que hay una diferencia radical entre el amor y eso que es respeto, miedo, dependencia.
Ejemplos: “respetamos por temor a nuestros superiores y entonces creemos que les amamos. Teme el niño al látigo, a la férula, a la mala calificación, al regaño en la casa o en la escuela y cree entonces que ama a sus padres y maestros, cuando en realidad sólo siente miedo”…
“Dependemos del empleo, del patrón, tememos a la miseria, a quedarnos sin trabajo, y entonces suponemos que amamos al jefe y que lo respetamos y hasta velamos por sus intereses, pero eso no es amor, es simplemente miedo, temor, y nada más”…
“Muchísimas mujeres creen que adoran a sus maridos y todos los días aguardan con ansiedad infinita que regresen del trabajo, o de alguna fiesta o reunión, o de algún viaje, pero en realidad no los aman, sólo tienen miedo de quedarse sin marido, sin protección, etc.”
De igual manera, “cuando la esposa está de parto o en peligro de muerte por cualquier enfermedad, el esposo cree que la ama mucho más, pero ciertamente sucede que teme perderla, pues depende de ella para muchas cosas: comida, sexo, caricias, lavado de ropa, cuidado de los niños, etc., y eso es tan sólo miedo y dependencia, no legítimo amor”…
En el terreno de la religiosidad “millones de personas tienen miedo de pensar por sí mismas en los misterios de la vida y de la muerte, miedo a inquirir, a investigar, a estudiar y comprender los misterios divinos, y entonces exclaman: ¡Dios me ama y yo amo a Dios y con eso es suficiente!” Es decir, piensan que aman a Dios, pero sólo temen al castigo en los mundos infiernos y por miedo codician la supuesta recompensa en el reino de los cielos.
La esclavitud física y psicológica, la dependencia, el depender física y psicológicamente de alguien, no implica sentir amor hacia aquellas personas de las cuales dependemos.
En conclusión, la mayoría de la gente no sabe amar; si los terrícolas supiésemos amar, el planeta que habitamos sería en verdad un paraíso.
*
Quinta parte

“En verdad que vivimos felices si no odiamos a aquellos que nos odian,
si entre hombres que nos odian habitamos libres de rencor.
En verdad que vivimos felices si nos guardamos de afligir a quienes nos afligen,
si viviendo entre hombres que nos afligen, nos abstenemos de afligirlos.
En verdad que vivimos felices si estamos libres de codicia entre los codiciosos;
moriremos libres de codicia entre hombres que son codiciosos.
En verdad que si vivimos felices aunque a ninguna cosa la llamemos nuestra, seremos semejantes a Dioses resplandecientes que se nutren de felicidad”.
(El Dhammapada, obra sagrada del Buda, Siddharta Gautama)

*
Prosiguiendo con este tema de cardinal importancia para nuestras vidas, veamos cómo en forma sencilla y coloquial el V.M. Samael Aun Weor nos platica sobre eso que se llama “amor”…
En una de sus muchas conferencias, el Maestro toma su parábola y dice: “Al hablar de amor, tenemos que ser precisos en el análisis. No olviden ustedes que los gnósticos somos matemáticos en la investigación y exigentes en la expresión”.
“La palabra amor, en sí misma, es un poco abstracta; necesitamos especificarla para saber qué es eso que se llama amor. Ante todo nos toca consultar un poco el Evangelio Crístico. El Gran Kabir Jesús dijo: En que os améis los unos a los otros demostraréis que sois mis discípulos. También hay otra frase bíblica muy interesante: Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo, o también, No hagáiss a otros lo que no queréis que os hagan a vosotros”…
“Las gentes, al escuchar la palabra amor, sienten algo que les llega al corazón, pero como no han dado objetividad a su pensamiento, obviamente no captan la honda significación de tal palabra. Es necesario pues, e inaplazable, entender qué es el amor”.
“Aquella frase, no hagás a otros lo que no quieres que te hagan a ti, podría ser traducida así: haceos conscientes de los otros y de ti mismo. Aquella de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo, podría ser traducida como: haceos conscientes de la divinidad que hay en vuestro interior, y del prójimo y de ti mismo… Así, pues, necesitamos hacernos conscientes de eso que se llama Amor, que podría traducirse como conciencia”.
“¿Cómo podría uno amar a sus semejantes (es decir, comprenderlos) si uno no es consciente de sus semejantes? Debemos hacernos conscientes de nuestros semejantes, si es que verdaderamente queremos comprenderlos, porque sólo comprendiéndolos sentiremos por ellos amor. Pero, para poder hacernos conscientes de nuestros semejantes, debemos primero hacernos conscientes de sí mismos”.
“Si un hombre no es consciente de sí mismo, ¿cómo va a hacerse consciente de sus semejantes? Y si no es consciente de sus semejantes, ¿cómo podría comprenderlos? Y si no los comprende, ¡cuál sería su conducta con relación a ellos? Esto es muy importante.”
Hasta allí la cita. Observemos que el mandato divino, aclarado por el Maestro, ordena amar al prójimo sin hacer diferenciaciones entre uno y otro, sin clasificarlo dentro de grupos familiares, políticos o religiosos, o de amigos, de bienhechores, de compatriotas, etc. Además, el primero y el más determinante de todos los mandamientos ordena “amar a Dios sobre todas las cosas”, vale decir, más que al esposo o a la esposa, por encima o mucho más allá del afecto hacia los hijos, hacia los familiares en general, hacia los amigos, etc.
Desde luego, la frase sobre todas las cosas es explícita e indica que el amor a Dios es más importante que el título universitario, la posición social o económica y en general que muchas otras actividades de la vida diaria, aún cuando éstas sean indispensables.
El amor a Dios y al prójimo es importante porque no es posible cambiar las estructuras familiares, económicas, políticas y sociales sin el ingrediente del amor; porque no es posible formar un hombre y una mujer diferentes, de tipo superior, conscientes e inteligentes, sin un método psicológico que explique cómo desarrollar la capacidad de amar a Dios y al prójimo.
Todos vivimos constantemente relacionándonos, nuestra vida se desenvuelve en el mundo de las relaciones. Dar prioridad a nuestra relación con el propio cuerpo físico y con el medio ambiente y las personas que nos rodean, subestimando o ignorando nuestra relación con el ser íntimo y sus 49 partes fundamentales, es auto condenarse a la involución, a la degradación o degeneración.
La correcta relación de nuestra esencia o conciencia con el ser particular, individual, es sin duda, la que verdaderamente se necesita para el desarrollo de la capacidad de amar. Cuando esta relación es incorrecta o inexistente, hay conflictos íntimos y proyección de esa conflictividad interna en el medio ambiente en que nos desenvolvemos.
En consecuencia, los vínculos sociales que establece cada persona, entre ellos el vínculo matrimonial, dependen de los valores psicológicos que posea. Tales valores conforman o estructuran un modo de ser, una manera específica de ser. Si, por ejemplo, somos odiosos, rencorosos, orgullosos, vanidosos, celosos, vengativos, o personas a quienes les anima el deseo revanchista, es evidente que el sentido estético no está presente en nuestro mundo interior, que carecemos de belleza íntima y nuestras relaciones con el prójimo resultan inevitablemente ásperas, duras, violentas, carentes de armonía y de comprensión.
El problema del amor queda resuelto si emprendemos la tarea de conocernos y de comprendernos a nosotros mismos. “Necesitamos auto-conocernos y auto-comprendernos antes de conocer y comprender a los demás”.
Para tal efecto, para amar verdaderamente al prójimo, es urgente aprender a ver el punto de vista ajeno, saber colocarse en la posición de otras personas. Cuando así procedemos, descubrimos que los defectos psicológicos o “yoes” que tanto criticamos en la novia o el novio, en la esposa o esposo, en los hijos, parientes, amigos y conocidos en general, los tenemos muy sobrados en nuestro mundo interior. La crueldad que provoca el “yo” pluralizado (particularmente el “yo” del odio), continuará existiendo sobre la faz de la Tierra hasta tanto no hayamos aprendido a dispensar los defectos ajenos, a tolerarlos, a comprenderlos, y esto sólo es posible haciéndonos conscientes de nosotros mismos, auto-comprendiéndonos.
Tengamos en cuenta que el amor es un hecho y que, lógicamente, se demuestra con hechos. De allí el refrán español: “Obras son amores y no buenas razones”. Pero si uno no tiene el valor de verse a sí mismo, de auto-observar los propios defectos psicológicos con el firme propósito de comprenderlos para luego eliminarlos, ¿cómo o de qué manera podrían nuestros hechos estar impulsados por la fuerza cósmica del amor?
Escrito está que cuando uno ama, ayuda desinteresadamente al prójimo; que cuando hay amor en el corazón, uno sabe colocarse en el lugar de los demás para comprenderlos, para sentir dentro de uno mismo cuáles son sus necesidades, cuáles sus sufrimientos, sus padecimientos físicos y problemas en general.
Pablo, el gran iniciado gnóstico-cristiano, en su “Carta a los Corintios”, capítulo 18, versículos 4 al 8, traza magistralmente una definición del verdadero amor con los siguientes términos: El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo cree, todo lo espera, todo lo sufre, todo lo soporta…
De esa definición del amor, la más hermosa de todas cuantas se hayan dicho o escrito, podemos inferir que los “yoes” o “agregados psíquicos” de la envidia, la jactancia, la vanidad, el egoísmo, la ira, el rencor, la injusticia, la mentira y la malignidad en general, nos obligan a actuar “en forma indebida” y por consiguiente son contrarios al amor, que en sí mismo es benigno y nada hace incorrecto.
En todo caso, el problema del desamor, es decir, el problema del odio y todo lo relativo al arte de amar, es un asunto de experiencia íntima directa, de interiorización gradual, pues de lo contrario nos perderíamos en el intrincado laberinto de las opiniones eruditas de enjundioso contenido intelectual, o bien románticas y sensibleras sobre eso que se llama amor.
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Continúa este tema en: El arte de amar (sexta parte y conclusión).

El Escarabajo Sagrado

KEPHERA

El Escarabajo, ha sido el animal sagrado por excelencia en el panteón del país asoleado de Kem: El Egipto antiguo.

Símbolo solar y al mismo tiempo de resurrección. La teogonía egipcia lo coloca en el tope de la creación y lo asocia con Osiris. Se le consideraba como “Engendrador de sí mismo”.

Además de que fueron utilizados como amuletos y talismanes, una de sus más sublimes representaciones era la que lo asociaba con el dios Khépera o Khépri. La figura del Escarabajo semeja a la del verbo Khépri (sol naciente).

El Escarabajo como imagen de la ruta del sol, es decir el movimiento cíclico del Astro rey y del camino iniciático (que sigue la misma ruta: baja primero al submundo para reaparecer victorioso), era considerado como el Espíritu, el Sol, Osiris, Amon-Ra, que baja a humanizarse y eleva al alma (de la cual también es representación) a la categoría divinal, realizando el axioma hermético del sello de Salomón, como nos lo muestra de modo estilizado la figura que acompaña al título.

A la vez, este símbolo nos muestra, veladamente, (en la unión de los dos triángulos que conforman tal sello) al fuego y mercurio de los alquimistas, creadores de bestias, hombres, mundos y dioses.

A este respecto nos dice Uzcátegui en su libro El Egipto Gnóstico, lo siguiente: hay un texto que nos entrega la arqueología oficial en el que podemos leer: “Soy el que vino a existir bajo la forma de Khépera.
Yo he sido el creador de lo que vino a existir más tarde. Después de mi llegada muchas fueron las cosas que existieron viniendo de mi boca. Antes de mí no existía el Cielo, ni la Tierra, ni las cosas que dentro de ella hoy se encuentran. Todo lo hice salir de NU (la masa original de agua) partiendo de un estado de inactividad”.

“Soy el Creador de lo que vino a la vida y yo mismo llegué a la vida bajo la forma del Dios Khépera. Yo me formé de la materia prima. Mi nombre es Ausares (Osiris). He cumplido con toda mi voluntad y mi mano se ha hecho fuerte». (Osiris está descrito en este papiro como el Pautet, la esencia misma de la materia prima y fuente de las cosas creadas”.

“El que de entre esa «masa de agua» haya brotado Khépera para iniciar la creación, nos recuerda a la leyenda de los engendradores o cosmocratores que teniendo la voluntad cósmica unida a la imaginación creadora dieron origen a las distintas manifestaciones de la vida que se conocen en los distintos rincones del Universo”. Estas “aguas” espermáticas son las mismas de las que nos habla el Génesis hebraico y sobre las que flota el espíritu de Dios (fuego, fohat) de donde brotan los mismos elohim (diosas y dioses creadores).

“No en vano vemos a Khépera -continua diciendo el autor- haciendo surgir de su boca las cosas que existen: Recordemos que los cosmocratores tienen el poder de crear con su laringe (pues la misma actúa como un útero donde reside la fuerza crística), uniendo su voluntad cósmica y su imaginación creadora; «En el principio era el Verbo»”…

El ESCARABAJO SAGRADO carga la perla de Cáncer; el Escarabajo es el único animal que puede cargar miles de veces su propio peso. Y es que la fortaleza del alma desarrollada o BODHISITA, es de tal magnitud que “no pueden con ella ni las bestias más terribles del Universo. Incluso, los Señores de la Ley la respetan”… Nos dice el sabio Maestro: Samael Aun Weor.

OSIRIS (dios de los “muertos” asociado a la creación de la vida, resurrección) y Khépera (la simiente cósmica): los dadores de la vida y de la muerte, tenían que aparecer en los orígenes de la Creación, pues es la muerte quien ordena la vida.

“Si la semilla no muere la planta no nace”, y por eso el Escarabajo Pelotero empuja una bola que contiene sus huevecillos, los cuales, al ser calentados por el sol, dan origen a nuevos escarabajos; así el sol fecunda la vida latente, muere el huevo y nace Képhera. “Sórbida es la muerte en victoria»…

Por: César Owen / España

El arte de amar, segunda y tercera parte

Aunque parezca increíble, es muy cierto de toda verdad que esta tan cacareada civilización moderna es espantosamente fea, no reúne las características trascendentales del sentido estético, está desprovista de belleza interior. Las gentes se han vuelto espantosamente crueles, la caridad se ha enfriado, ya nadie se apiada de nadie. Las gentes de estos tiempos se han tornado demasiado groseras, el perfume de la amistad y la fragancia de la sinceridad han desaparecido radicalmente, el sentido del verdadero amor se ha perdido y las gentes se casan hoy y se divorcian mañana. (Samael Aun Weor, La gran rebelión. Capítulo Nº 2)

¿Es el amor un arte? En tal caso requiere conocimiento y esfuerzo. ¿O es acaso, una sensación placentera cuya experiencia es cuestión de azar, algo con lo que uno tropieza si tiene suerte? Este seminario se basa en la premisa de que el amor es un arte, aún cuando sabemos que la mayoría de la gente cree que el amor es algo así como una especie de química, un asunto meramente sensorial que produce satisfacciones personales.
Con tales afirmaciones no intentamos, en modo alguno, suponer que para la gente el amor carece de importancia. Sabemos que realmente todas las personas están sedientas de amor, por eso ven innumerables películas y telenovelas basadas en historias de amor; unas felices, otras desgraciadas; y escuchan centenares de canciones triviales cuyo tema es el amor. Sin embargo, casi nadie piensa que hay algo que aprender acerca del amor, es decir, que se aprende a amar, que el amor surge dentro de nosotros mediante un proceso de aprendizaje y de eliminación de los factores psicológicos del contra-amor, del anti-amor, que lamentablemente existen dentro de cada persona.
Esa actitud equivocada consistente en creer que la mecánica de la vida lo prepara a uno para amar, tiene su basamento en la falsa educación y desde luego en los falsos conceptos sobre los que se fundamenta esa educación.
Así las cosas, para la mayoría de la gente, el amor consiste en ser amado y no en amar, no en la propia capacidad de amar. De ahí que para millones de terrícolas el concepto de amor se refiere a cómo lograr que se les ame o cómo ser dignos de amor. Para alcanzar ese objetivo, siguen varios caminos. Uno de ellos, utilizado en especial por los varones, es tener éxito, ser tan adinerado y poderoso como lo permita el margen social de la propia posición. Otro, usado particularmente por las mujeres, consiste en ser atractivas por medio del cuidado del cuerpo, la ropa que visten, etc.
Existen otras formas de ejercer atracción, que utilizan tanto los varones como las mujeres, como tener modales agradables y conversación interesante, mostrarse ante los demás como persona útil, amiga de hacer favores, aparentar modestia, etc. Muchas de las formas de hacerse querer son iguales a las que se utilizan para alcanzar el éxito, a las técnicas mentalistas (de psiquismo inferior) para ganar amigos y dinero e influir sobre la gente.
En realidad lo que para la mayoría de personas de nuestra cultura moderna equivale a digno de ser amado, es en esencia, una mezcla de popularidad y sex-appeal, un asunto puramente físico, relacionado con el centro motor-instintivo-sexual.
Otro error conceptual que sustenta la tesis de que uno (por el hecho de existir como criatura humana) ya está capacitado para amar, consiste en suponer que esto no requiere de un esfuerzo consciente y que todo se reduce a encontrar un objeto apropiado (léase persona) para decirle: “yo te amo”, o bien para ser amado por ese objeto en cuestión.
En una cultura como la nuestra, en la que prevalece la orientación mercantil (de producción de bienes y consumo, de oferta y demanda) y en la que el éxito material constituye el valor predominante, no hay en realidad motivos para sentir asombro porque las relaciones amorosas humanas sigan el mismo sistema de intercambio de bienes y de trabajo, que se fundamenten en el “yo te necesito”, en el “tú me haces falta”, en el “yo te doy y tú me das”…
De ese modo, dos personas (él y ella) creen que están enamoradas cuando sienten que han encontrado el mejor objeto disponible en el mercado, dentro de los límites impuestos por sus capacidades económicas y la posición social.
Ella cree haber “comprado” un marido y él supone que ha “comprado” una buena esposa, lo cual lleva posteriormente a una confusión entre la experiencia inicial del “enamorarse” y la situación permanente, dentro del matrimonio, de intentar permanecer enamorados.
Esa excitación inicial, combinada con la atracción sexual y su consumación en las relaciones íntimas, a pesar de su carácter emocionante, con el paso del tiempo pierde su condición estimulante debido al antagonismo entre las parejas, hasta que un día ambos se sienten desilusionados y caen en un terrible aburrimiento mutuo que incluso suele convertirse en desprecio. Porque el amor convencional es, por su misma naturaleza egoica y pasional, poco duradero.
Así pues, esa falsa idea de que “no hay nada más fácil que amar”, sigue siendo la opinión prevaleciente cuando se habla del amor, aún a pesar de las abrumadoras pruebas en sentido contrario.
Vea que prácticamente no existe otra relación que se inicie con tan tremendas esperanzas y expectativas, y no obstante, fracase tan a menudo como el amor entre las parejas, entre padres e hijos, entre amigos. Si ello ocurriera con cualquier otra actividad económica, política o social, la gente estaría ansiosa por conocer los motivos del fracaso y por corregir sus errores, o bien renunciaría a la actividad fracasada.
Empero, puesto que la renuncia es imposible tratándose del amor (el amor es el fundamento de todo, nadie puede vivir sin amor), sólo hay una fórmula adecuada para superar la bancarrota de tan sublime sentimiento, esto es: estudiar qué es el amor en sí mismo y examinar las causas que han originado su pérdida.
El primer paso es tomar conciencia de que el amor es un arte, tal como es un arte el vivir, y que si realmente queremos aprender a amar, debemos proceder en la misma forma que lo haríamos si quisiéramos aprender cualquier otro arte como la música, la pintura, carpintería, la medicina o la ingeniería. Sólo que en el caso del arte de amar, el objeto de estudio es la persona misma, eso que yo soy en este momento, ahora.

El arte de amar
(Tercera parte)

Esta cuestión del mí mismo, lo que yo soy, eso que piensa, siente y actúa, es algo que debemos auto-explorar para conocernos profundamente.
Existen por doquier muy lindas teorías que atraen y fascinan, empero de nada serviría todo eso si no nos conociésemos a nosotros mismos. Es fascinante estudiar astronomía o distraerse un poco leyendo obras serias; sin embargo resulta irónico convertirse en un erudito
y no saber nada sobre sí mismo, sobre lo que yo soy,
sobre la humana personalidad que poseemos. (Samael Aun Weor, La gran rebelión. Capítulo Nº 10)

¿Cuáles son los pasos necesarios, desde el punto de vista gnóstico, para aprender cualquier arte? Según la Gnosis, el procedimiento puede y debe dividirse en dos partes: A) La adquisición del conocimiento, del saber. B) La práctica, la implementación en los hechos de los conocimientos adquiridos, para lo cual es indispensable un tercer factor. C) La comprensión que surge de la unificación del saber con el ser.
Además de la obtención de las ideas gnósticas relacionadas con el arte de amar y la comprensión o vivencia de esas ideas, hay un requisito fundamental para poder implementarlas de forma continuada en la vida diaria, a saber: nada en este mundo físico debe ser para nosotros más importante que el desarrollo de esa capacidad de amar. Porque en la ausencia de ese anhelo místico radica el motivo por el cual la humanidad de nuestra decadente cultura, a pesar de sus continuos fracasos en las relaciones, no trata de aprender ese arte.
Aún sintiendo la intrínseca necesidad de amar, para las multitudes son otras cosas las que tienen más importancia que el amor: éxito, prestigio, dinero, poder, satisfacciones personales, auto-consideraciones…
Por consiguiente, en este difícil arte de amar se debe tener en cuenta que lo exterior es una proyección de lo interior, y que siendo el arte, por definición “la búsqueda de la belleza en todas sus manifestaciones”, inferimos que no puede existir hermosura, armonía y equilibrio en nuestras vidas externas sin belleza interior, sin la posesión específica de valores estéticos que permiten el desarrollo de la capacidad de amar.
Como secuencia o corolario, un verdadero artista es aquel que sabe amar porque mediante un trabajo interior ha eliminado de sí mismo ciertos valores inferiores o yoes, y de ese modo ha cristalizado en su esencia anímica, valores estéticos o virtudes que le han proporcionado equilibrio y armonía en su centro pensante, en su cerebro emocional y en su cilindro motor-instintivo-sexual.
Entiéndase pues, por valores estéticos, la bondad, la generosidad, el altruismo, el sentimiento de amistad y de fraternidad, la sinceridad y la cortesía, la caridad, la equidad, la justicia, la temperancia y muchos otros afines con el amor, que es el primero, el más elevado y el más hermoso de todos los valores del alma.
“La sociedad es una suma de individuos”. Para estructurar un mundo nuevo y mejor, una sociedad más justa y más humana, el amor es un requisito indispensable, pero esto exige equilibrio y normalidad pensante, emocional y sexual de parte de los individuos que forman las distintas sociedades del planeta Tierra.
El verdadero arte es justo, exacto, matemático, equilibrado, armonioso, mesurado e incluso sencillo, y por lo tanto hermoso, bello, consciente e inteligente, saturado de amor hacia los semejantes, a quienes les transmite un mensaje de alegría, o bien una enseñanza que habrá de convertir sus vidas en algo distinto, en una obra maestra.
¿Cómo podría una persona injusta, precipitada, impaciente, torpe, agobiada o embargada por odios, resentimientos, frustraciones, insatisfacciones, miedos, angustias, depresiones, pensamientos tristes y pesimistas, preocupaciones, etc., desarrollar la capacidad de amar, convertirse en un artista del amor?
El amor se manifiesta como recto pensar, recto sentir y recto obrar. Vale decir, el amor exige, para su manifestación, un corazón comprensivo, una mente tranquila, serena y un centro motor-instintivo-sexual no violento, que no sea víctima de la violencia ni de la pasión sexual, que vibre en armonía (artísticamente) con el infinito.

Colaboración de
Franklin Ugas/Venezuela

Continúa este tema en: El arte de amar, (cuarta y quinta parte).